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  • Jorge Choy-Gómez

Poder y Espectáculo en la Frontera Sur de México


Un miembro de la Guardia Nacional (izquierda) y agentes de inmigración (centro) a orillas del río Suchiate en Chiapas, México, mientras estaban desplegados en respuesta a una caravana de migrantes. (Jorge Choy-Gómez)


Las sirenas de la policía resonaron por las calles de Ciudad Hidalgo, Chiapas. Equipados con equipo antidisturbios, miembros de la Guardia Nacional marchaban por las calles de esta pequeña ciudad fronteriza, flanqueados por agentes del Instituto Nacional de Migración (INM), preparados para detener la caravana de hondureños que inició su viaje el 13 de enero desde San Pedro Sula. Esta parafernalia militar fue la última de una larga lista de acciones del gobierno mexicano para impedir la migración centroamericana a Estados Unidos.


El despliegue de poderío militar del gobierno mexicano en respuesta a la caravana que se acerca a su frontera sur reafirmó su aversión a la inmigración centroamericana y el compromiso del gobierno de Andrés Manuel López Obrador con los intereses de Estados Unidos.


Pero también revela una tendencia más reciente, la última etapa del discurso y la práctica de México sobre la inmigración: el espectáculo del nacionalismo en las redes sociales y el heroísmo anunciado de las fuerzas de seguridad mexicanas. Este espectáculo tiene el doble objetivo de reforzar los sentimientos nacionalistas y desviar la atención de prácticas menos heroicas, como la continua detención y deportación de niñas, niños y adolescentes o los actos racistas contra las mujeres migrantes.


El despliegue coordinado de cientos de agentes del INM, de la Guardia Nacional y del Ejército sirvió para hacer propaganda, aunque no afectara materialmente en el movimiento de los migrantes por el territorio mexicano. Las imágenes de las fuerzas de seguridad, posando con el pecho hinchado y las manos en la cadera, invitan a la población mexicana a sentirse orgullosa de los defensores de la Patria. Esto contrasta con las reformas migratorias progresistas que López Obrador prometió durante su campaña y la retórica de su administración desde diciembre de 2018. Durante décadas, el gobierno mexicano ha difundido un discurso en su política migratoria de derechos humanos al frente y detenciones, deportaciones y militarización por detrás. Desplegar el poderío militar en la frontera es un giro radical de este mensaje.


La parafernalia militar desplegada para detener la caravana alimentó una vez más el nacionalismo y las fantasías de seguridad frente a las amenazas extranjeras. La militarización de la migración en México no es nueva. Esta no es la primera vez que el gobierno mexicano despliega recursos de este tipo para detener una caravana. Pero mientras la cobertura mediática y la respuesta militarizada a las caravanas de migrantes en la frontera sur atrae la atención del público, la estrategia del gobierno mexicano para detener la inmigración centroamericana se compone de detenciones diarias, deportaciones y otros actos de disuasión igualmente deplorables dentro del territorio.


Ejecución de la Política Migratoria Más Allá de la Frontera


La militarización de la frontera sur de México es el producto de una serie de políticas migratorias restrictivas. La más reciente es el Programa Frontera Sur, cuyo objetivo principal era frenar la inmigración desde Guatemala, Honduras y El Salvador, especialmente de menores no acompañados, hacia Estados Unidos. Desde finales de la década de 1990, con la Operación Sellado de la Frontera, y principios de la década de 2000, con el Plan Frontera Sur, han aumentado las medidas restrictivas, incluyendo la militarización y la creación de infraestructuras de vigilancia y gestión de la migración.


La detención y la deportación funcionan en paralelo a la militarización y han sido las principales armas de la política migratoria. A pesar de la despenalización de la inmigración en 2008, que a primera vista fue un cambio radical y sustancial en la política migratoria mexicana, las detenciones y deportaciones continuaron. Sólo en 2020, más de 80.000 personas, el 90 por ciento procedentes de Honduras, Guatemala y El Salvador, fueron detenidas en México y más de 50.000 fueron deportadas. Una cifra aún más preocupante si tenemos en cuenta que durante gran parte del año la frontera entre México y Guatemala estuvo cerrada por la pandemia del Covid-19.


La detención, la deportación y la militarización de la frontera son la cara pública de la política migratoria mexicana, pero no son sus únicas manifestaciones. No aumentar el saturado sistema de refugio es también una medida preventiva de la migración. Durante 2020 hubo 41.329 solicitudes de refugio, casi el 60 por ciento de Honduras, Guatemala y El Salvador, pero sólo se tramitó el 28 por ciento.


Estas prácticas, alejadas de la espectacularidad de la frontera, reducen agresivamente los recursos, las esperanzas y las estrategias de los migrantes. Es un paso evolutivo de la política migratoria restrictiva. El gobierno mexicano aprovecha la importancia de las caravanas para desviar la atención de las prácticas cotidianas dentro de su territorio.


"Mañana Se Van"


La simulación es una característica fundamental de la política migratoria mexicana, ilustrada por la presencia en redes sociales del INM. A través de las redes sociales y la cobertura informativa, la planificación y ejecución de las acciones del Estado tiene ahora una difusión sin precedentes. Estas imágenes se alinean con los discursos de AMLO, adornando las acciones de aplicación de la ley con frases bien estructuradas y repetitivas sobre el respeto a los derechos humanos y el carácter humanitario de la política migratoria desde su llegada a la presidencia. Las fotografías de funcionarios del INM sosteniendo en brazos a menores migrantes y sonriendo dentro de los centros de detención migratoria, muchas veces con menores de edad negros, revelan la simulación racista y sistémica que busca suavizar las detenciones, deportaciones y negaciones de solicitudes de asilo.


Al mismo tiempo, los vídeos con música épica sirven de vehículo para las fantasías de guerra y heroísmo contra los invasores extranjeros. El despliegue de agentes del INM, la Guardia Nacional, el Ejército y la tecnología para defender "la causa" promueve aún más una versión idealizada de las prácticas migratorias.


Mientras visitaba Ciudad Hidalgo, tomando fotografías del despliegue militar en el río Suchiate, la gente local, al ver mi cámara, se acercó a mí e ironizó diciendo que mejor tomara muchas fotografías, porque ese número de agentes del INM, soldados y miembros de la Guardia Nacional era un espectáculo raro. "Mañana se van", repitieron varias veces. Los habitantes de las ciudades fronterizas están acostumbrados a una cobertura mediática esporádica y son habituales las opiniones locales sobre la brevedad de la presencia militar en el río. Esta demostración de poder es un fragmento más del paisaje fronterizo del sur de México. La población local ha aprendido a convivir con ella señalando lo absurdo de la situación.


Las balsas cruzan el río Suchiate entre México y Guatemala, transportando mercancías y personas. (Jorge Choy-Gómez)


"Todo es un espectáculo", decían otros mientras esperaban a subir a una balsa para ir al lado guatemalteco del río. Es aquí donde el espectáculo y el performance son más explícitos. Mientras se despliega una enorme fuerza de seguridad para detener la caravana, el intercambio de mercancías sigue fluyendo libremente por el río.


El gobierno mexicano ha utilizado las caravanas para desviar la atención de otros asuntos y hacer invisibles otros grupos e historias. Uno de estos temas que es ampliamente ignorado en la agenda de la política migratoria son las condiciones deplorables en diversas plantaciones del sur de México (café, plátano, azúcar) que utilizan mano de obra centroamericana, especialmente familias indígenas de Guatemala. Estos espacios históricos de explotación laboral han sido invisibilizados y olvidados en la agenda política, opacados por la compleja y urgente situación de las caravanas, las solicitudes de refugio y la asistencia humanitaria.


Confrontando el Desvío


El poder del Estado y su capacidad performativa, así como la enorme atención mediática que provocan, son armas que cumplen una doble función en la política migratoria mexicana. Por un lado, refuerza los sentimientos nacionalistas, xenófobos y racistas con símbolos masculinos de protección de la patria con fuerzas de seguridad civiles y militares. Al mismo tiempo, desvía la atención de los medios de comunicación, especialmente en los medios internacionales, hacia eventos masivos como las caravanas, lo que oscurece las prácticas cotidianas de vigilancia y castigo a lo largo de la frontera y dentro del país.


A medida que las políticas migratorias regionales se vuelven cada vez más restrictivas, debemos reflexionar sobre esta transformación a la vista. La decisión de México de hacer más públicas sus prácticas y el uso de la fuerza en la política migratoria es un giro decisivo para la región. Mientras el gobierno mexicano siga aprovechando eventos esporádicos y masivos como las caravanas para promover su postura de mano dura contra los migrantes, seguirá desviando la atención de temas urgentes y actuales como el aumento de las solicitudes de refugio en el país, las condiciones de explotación en las plantaciones a lo largo de la frontera, o la prevención y persecución de asesinatos como el ocurrido en Camargo, Tamaulipas, donde 19 personas fueron encontradas quemadas en un auto, al menos 14 migrantes guatemaltecos entre ellos. Mientras el gobierno mexicano siga construyendo y reforzando la "amenaza" de los migrantes que llegan de fuera, seguirá siendo pasivo ante los crímenes que se cometen contra ellos dentro del territorio.


*Este es un artículo publicado en nacla

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