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  • Jorge Choy-Gómez

No nos han dicho

Actualizado: 8 de dic de 2019

Cuando me acerqué a la estación migratoria "Siglo XXI" en Tapachula observé varios autobuses estacionados. Para deportaciones, pensé. Después de encontrar un lugar de estacionamiento cerca, un militar amablemente se me acerca y me preguntó: "sabe usted qué va a pasar aquí?". Después de varios segundos en los que no sabía que responderle, finalmente le dije que no.

- "Por qué?", le devolví la pregunta.

- "Lo miré con su cámara y mochila y pensé que sabía algo. Parece que va haber un evento, pero nadie nos ha dicho nada".

- Les han dicho cuánto tiempo estarán aquí?

- No, no nos han dicho.

- Bueno, a ver qué pasa.


No me dejaron tomar fotografías de su mini-campamento. Una lástima.


"Hasta cuándo acabará este conflicto?", me dice el trabajador de un cementerio que está justo frente a la estación migratoria. Me repite: "qué pasará con los negritos? Uno entiende, pero dejan mucha basura, orinan donde sea, es un caos". No sé, le digo mientras camino despacio para alejarme de su racismo rampante. Me arrepiento de no platicar con él y sus colegas, otro día regresaré.

Militares, agentes de migración y policías federales. Combinación cada vez más usual. La estación migratoria estaba rodeada con vallas metálicas, como las entradas a los conciertos de música. Pero sospecho que no están ahí para organizar la entrada de personas sino para que no salgan.


6,000 miembrxs de la guardia nacional llegarán este lunes, pero de momento sólo estos 2 oficiales en la entrada de la estación.


Personas esperando afuera de la estación. La mayoría son personas negras, no estoy seguro de qué países son. "De Haití son la mayoría", me dijo un vendedor de cacahuates. Reporteros y fotógrafos encuentro también. Muchos.


Ví y escuché confusión. Ni migrantes ni militares saben qué pasará. Platico con Jackson, haitiano de 20 años. Tenía 14 días en Tapachula esperando el oficio de salida del Instituto Nacional de Migración, que le permitiría ir sin problemas hasta la Ciudad de México, que es en donde me dijo que quería vivir.


Fue mi primer día haciendo fotografías, me dio pena acercarme. Un compañero de la maestría me saludó mientras platicaba con una mujer que trenzaba el cabello a un joven. Tomó fotografías y apuntó en su libreta. Pensé que debería hacer lo mismo. Y si se cansan de responder? De que les pregunten lo mismo una y otra vez? Aún así, me arrepiento de no pedirle a Jackson que me dejara tomarle una fotografía mientras jugaba con un balón de futbol en el patio de una iglesia.

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